viernes, 10 de junio de 2016

¿QUÉ ESPERO DE ESTA CAMPAÑA?

               Ya tengo unos años para recordar una pequeña parte de la historia política de este país, la más reciente.
                Cuando rondaba los veinte tenía una especie de vagos recuerdos, alimentados por la sana envidia, recuerdos de los tiempos de cambio, ilusión y música de guitarras que se dio durante la transición, pero cuando yo rondaba esos veinte todo estaba inundado de pragmatismo, quietud, el ídolo al que emular por mis compas universitari@s eran banquer@s que parecían comerse el mundo y las películas que inundaban nuestros sueños eran protagonizadas por tiburones financieros de New York encarnados por Michael Douglas. Algo había cambiado.
                El tiempo pasó y parecía que la política no era importante, que no interesaba y no se hablaba del tema en la calle. Nadie esperaba nada en concreto.
                Con las aguas calmadas y el silencio como cortina, sin testigos, todo se fue deteriorando, degenerando, se abrió un abismo entre los verdaderos sujetos de la política, la gente, y los que se arrogaban ese papel, sus “representantes”.
                Solo hubieron de transcurrir otros veinte años para que todo saltase por los aires. La gente asumió su rol, se dio cuenta de que política era lo que ellos hacían y que siempre les había interesado porque siempre es importante e interesa lo que le pasa a cada uno y a las personas que nos rodean. Madrid  se fijó en la gente de la calle y les ofreció su plaza más emblemática para proponer a toda@s el cielo como límite.
                Antes, en los tiempos de los banquer@s como espejo, nadie esperaba nada más que eso, mirarse al espejo. Ahora, en los tiempos en que las personas hacen frente a los que no saben ni les interesa la política atravesamos ese espejo y vemos otro mundo en el que si esperamos algo del futuro porque la esperanza nace del soñar, del creer que se puede y hacerlo con tanta sinceridad y voluntad que se alcanza cualquier objetivo cuando todas y todos se unen por ello.
                Las aguas no bajan ya calmadas para que no sirvan de cortina, con su silencio, tras la que esconderse, ahora rompen contra acantilados de piedra, de inmovilismo que se representa alto, irregular e invencible sin saber que la erosión del mar y el viento son un trabajo arduo, lento pero absolutamente inevitable. Si queremos que las cosas progresen, para que sigamos soñando, para que seamos dueños de nuestro destino y eso no vuelva a revertirse deberá persistir ese viento, esa mar para que nunca más un muro de piedra irregular nos diga cómo deben ser las cosas.

                Yo espero de la campaña que el viento sople con fuerza y la mar permanezca brava y me comprometo a trabajar para que no deje de suceder.








No hay comentarios:

Publicar un comentario