De
una tarde de junio puedes esperar cualquier cosa menos frío y agua. La tarde de
ayer, en el Parque de La Paz de Fuenlabrada, trajo las dos cosas y a pesar de
ello la gente que acudió al acto sobre empleo se salvaguardó como buenamente pudo
y nadie se movió de allí.
Y
allí escuchamos a personas con diferentes historias con un denominador común,
el empleo y la lucha. De Coca-Cola, de Correos, de Vodafone, de la Asociación
Las Kellys…..de tantos y tantos colectivos con historias de precariedad y
pérdida de derechos y que de una forma u otra también estaban allí junto a
Sergio, concejal en el Ayuntamiento de Fuenlabrada de Ganar Fuenlabrada y
Ventura, secretario general de Podemos Fuenlabrada.
Al
principio del acto se habló de la necesidad de socializar las luchas.
Nos
hemos acostumbrados con el paso de los años a esa calma e inmovilismo
individualista que hace que el sol caiga de plano sobre nuestras cabezas sin
que podamos reaccionar y que poco a poco nos va empujando a un estado de confusión,
dolor de cabeza, malestar... No nos hemos dado cuenta o hemos tenido miedo de
hacerlo pero no estábamos solos en el desierto, mucha gente, mujeres y hombres
presentaban los mismos síntomas y el miedo les inutilizaba. Miedo a perder la
nada que tienes porque no te lo permiten mientras que los mismos que no lo
permiten te dicen que protejas esa ausencia porque hay algo que si te quieren quitar, de
esta forma ell@s mism@s protegen sus patrimonios y beneficios cada vez más
desmesurados e insultantes. Miedo a la inseguridad que te puede generar si
luchas cuando ya vives en la peor de las inseguridades.
Ante
esta falso espejismo generado por el sol que cae de plano sobre tu cabeza, hay
una persona que va a lomos de un camello con cantimplora que te vende seguridad al
precio de libertad, el verdadero objetivo, lo único que sí tienes porque es inherente a tu condición
humana. Entonces, ya sí, te quedas sin nada y crees que tienes algo.
Sucede,
a veces, que un grupo de gente se fija en otras personas en su misma situación.
Bloqueados, parados, quemados por el sol y con miedo a perder su posición. Se
acerca a unas y otros a duras penas y a todas ellas, como buenamente puede arriesga
su libertad y te propone otro contrato, uno con todas y todos los que están en
su situación pero a cambio debes luchar, pelear por lo tuyo y por lo de los
demás, acumular fuerzas para enfrentarse al que te obliga a estar en esa
permanente situación en la que a pesar del malestar te has acostumbrado.
Esa
persona pone en riesgo su libertad. Se desplaza despacio por las consecuencias
del sol y del entorno y una a una se acerca a todas las personas para hablar.
Algunas se unen y sigue el proceso, a medida que son más personas se mueven con mayor rapidez. El problema es que la mujer, el hombre de
la cantimplora a lomos del camello se percate (y lo hace) y con la rapidez del animal al
que tiene domesticado y la fuerza del agua que le han proporcionado intente acabar con
las fuerzas de estas personas dado que a medida que se van uniendo va en aumento.
A
pesar del dolor, de la mochila previa que llevas a cuestas, de lo complicado que es remontar la
situación, del problema que supone no solo preocuparte de tus problemas sino de
entender y participar del de los demás, del riesgo que supone perder tu
libertad (que eso es lo único que realmente tienes y quieren) hay que
socializar tanto los problemas laborables como los demás tal y como el compañero del acto
de ayer nos explicó. La lucha tiene que ser común para que haya lucha de verdad
y tenga posibilidades.
Las
luchas de las compañeras y compañeros que limpian habitaciones de hoteles, de
Coca-Cola, Correos, Vodafone, etc… son mis luchas y deben ser las luchas de
todas y todos porque de otra forma no hay futuro. Tenemos la libertad de poder
llevarlas a cabo te digan lo que te digan, la libertad de unirnos y la libertad y la capacidad de gestionar los pocos recursos que
nuestra condición humana nos proporciona para ponerlos en común para la lucha.
Ese
es el gran problema que tiene la mujer, el hombre de la cantimplora, necesita
tu libertad, es lo que realmente quiere para que todo esto no suceda. No se la proporciones, lucha con
todas y todos, movilízate, organízate, continúa caminando por las calles tras pancartas
y reivindicaciones, grita aunque las alpargatas se deshilachen y sigue y, sobre
todo, hazlo con todas y todos, socializa tu lucha y las de las demás. No es que
sea el único camino. Es que es el camino.
