Hace ya unos días que, viendo
trabajar a mis compañeras y compañeros de Unidas Podemos, quería escribir sobre
la militancia. Aprovechando las horas previas al acto que esta tarde tenemos
sobre empleo voy a escribir lo que llevaba tiempo rondando por mi cabeza. Para
los que no me conocen todavía demasiado, que son muchas y muchos, podréis
encontrar claves para hacerlo y entenderme algo mejor.
Buscando sobre el concepto de
militancia me queda la idea de que se trata de un trabajo intenso, un
compromiso, una adhesión incondicional a unas ideas de tal forma que las llevas
a la práctica no solo en el trabajo diario en tu centro de trabajo y en tu organización sino con el
ejemplo de la vida diaria. Como definición soltada así de esa forma es toda una
declaración de intenciones y un plan de vida a desarrollar, un compromiso quizás
a largo plazo en el que te enfrentarás a obstáculos e intentarás vencerlos si
dicho compromiso es real y al final lo llevarás a cabo en un determinado
porcentaje porque no debemos olvidar que la ideología puede ser pura pero si
hay algo imperfecto es el ser humano y su práctica, por fuerza lo es.
Soy una persona que de intentar
alcanzar los objetivos de la forma más perfecta posible me vuelvo a veces
intransigente, cabezón y cuadriculado, además de eso tengo que salvar una
educación que he recibido y que por cariño a quien me la dio no reniego pero en
coherencia con mi militancia debo superar en algunos de sus aspectos. Como veis
estáis ante un ser humano.
Mi educación ha sido, lo que se
puede llamar burguesa, a pesar de las necesidades y vicisitudes por las que
pasaron mis padres en mi infancia, después he vivido y conocido ambientes
conservadores y algunos muy intransigentes. Me he desenvuelto “correctamente”
en ellos.
A partir de los treinta todo
cambia y comienzo a adquirir algo que podemos llamar conciencia social. Quizás
porque conozco nueva gente y sus relatos son diferentes, quizás porque vivo parte de esas
carencias y percibo la injusticia inherente al sistema que unos años antes me
parecía normal, quizás porque en esa educación que recibí siendo niño me enseñaron a observar, a no tolerar la injusticia, aprendí lo que es empatía, a alzar la voz por los demás y con los demás.
El proceso de cambio es difícil. Es interno y externo. El
externo es más sencillo, el interno propone numerosas contradiciones, dudas y
vaivenes y entonces echas mucho, pero mucho de menos gente que te acompañe en
ese aprendizaje. En el primer aprendizaje fui adiestrado, en este tuve que
evolucionar solo con el componente de heterodoxia que conlleva.
El proceso de conciencia social
que fui adquiriendo me llevó a determinados postulados que aprendí, acepté,
interioricé en mayor o menor medida, recuerden que soy humano y que estoy aún
aprendiendo y gestionando mi conciencia; y estoy encontrando que esos
postulados me definen de alguna manera, y me permiten relacionarme con el resto
de la sociedad de una forma muy cómoda, leal y sobre todo sincera con el resto
de la sociedad. También es cierto que uno tiene un pasado que mezclado con esa
heterodoxia que mencionaba antes y que viene derivada por mi solitario camino
me ha llevado a la organización en la que actualmente milito y que me permite
un encaje muy cómodo aún cuando estoy en evolución y mis posiciones pueden
verse en contradicción en muchos casos hoy y seguro que mañana. Todo es conocerse
y discutirlo.
En el conocerse, aprender
siempre, discutir y sobre todo ser leal con lo que te rodea nace, a mi modo de
ver un compromiso y cuando esto sucede no hay otra que desarrollarlo y trabajar
y hacerlo de forma intensa y leal. Una persona puede dar las vueltas que
quiera, aprender y desaprenderse, conocerse y autogestionarse, el tiempo se
dedica a ese proceso. Llega el momento en que esa fase se supera y comienza ya
un trabajo claro y apostando a un objetivo concreto. Ese trabajo es compromiso,
militancia.
En estas semanas estoy viendo
compañeras y compañeros bastante más jóvenes que yo que han mamado esa
conciencia social que yo aprendí e interioricé más tarde. Personas que con
veinte años asumen responsabilidades y las ejecutan perfectamente pero sobre
todo personas de todas las edades, porque la militancia no se olvida, al
contrario, se consolida, que dedican absolutamente todo su tiempo a todas y
cada una de las cosas (y son muchas) que hacen falta para que una organización
salga adelante con eficacia y eficiencia y, en estos días, para afrontar una
campaña electoral que será histórica. Ahora, en mi camino, voy muy acompañado de las personas que necesito.
Militantes en un momento
histórico. Mujeres y hombres dedicados a un compromiso sin queja y sobre todo
leales con los suyos y los suyos son todas las mujeres y hombres de este mundo
sin distinción.
Orgulloso de militar con estas
mujeres y hombres. Sigo aprendiendo, sigo trabajando.
No hay comentarios:
Publicar un comentario